Acerca de

Pelayo Campa González-Nuevo

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El azar me llevó a conocer a Pelayo Campa dentro de un entorno artístico. A la par conocí varios artistas más, cuya obra admiro, y que han sabido dar un paso adelante y han dicho “aquí estamos”

Pero eso no pasa con Pelayo. A pesar de su buen y reconocido trabajo, se mueve en un mundo muy alejado del divinismo y la autoponderación, en constante búsqueda de reafirmación tanto propia como de su entorno. Y quizás sea eso lo que me sorprendió más cuando, a posteriori, conocí su trabajo. Porque la cercanía de un artista, en contra de lo que pueda parecer,  hace más próxima su obra, convierte en asequible su comprensión.

En primer lugar me tropecé con el “fotógrafo de moda”. En manos de Pelayo, la intranscendencia que en ocasiones sigue a este mundo desaparece y es capaz de crear obras con cuerpo, que tienen un peso y cuentan una historia, todo ello sin omitir una impecable técnica y un excelente y educado esteticismo. Su dominio de la luz, de la iluminación, remata siempre todos sus trabajos, invistiéndolos con un sublime aspecto de irrealidad que contrasta con ese pragmatismo con el que desarrolla su labor. Es este halo que en determinadas piezas te permite incluso notar el calor de una piel y que hacen deBaroque un retrato totalmente pictórico, con una marcada influencia de  Caravaggio o Rembrandt.

Por todo ello, es muy difícil discernir entre sus obras de moda y sus retratos e incluso su fotografía documental. En todos se capta un instante, no se trata de una imagen estática, es un intervalo atrapado, siempre una pequeña fracción de un momento, es una parte de un todo que se imagina al visualizar su trabajo, y así es como en piezas como II, yo sigo pensando en lo que llama la atención de la muchacha, qué es lo que la lleva a acercarse al muro y qué es lo que está viendo. Sabes que hay un antes y un después y te sientes atrapado en la historia que se está narrando ante tus ojos.

César Naves. 2013